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Las claves de un buen trigo: variedad correcta, agua de calidad y nutrición

24/06/2026

Con la siembra de trigo en marcha en gran parte del país, la planificación del cultivo vuelve a poner en primer plano una serie de factores que resultan determinantes para alcanzar buenos rendimientos. La elección de la variedad, el manejo de la nutrición y la eficiencia en el uso del agua son aspectos que influyen directamente sobre el potencial productivo de cada ambiente.

De acuerdo con Guillermo Donaire, especialista del INTA los resultados de los ensayos de la Red de Evaluación Territorial e Trigo, constituyen una herramienta para comparar el comportamiento de las variedades en las distintas subregiones trigueras del país. Los datos de varias campañas están disponibles en https://www.argentina.gob.ar/inase/red-variedades-de-trigo y abarcan todas las regiones trigueras, lo que permite analizar el desempeño de los materiales en diferentes condiciones productivas.

Además de la elección varietal, la nutrición constituye otro de los pilares para alcanzar buenos rendimientos. La disponibilidad de nutrientes es uno de los factores que condicionan el desempeño del cultivo. Según explicó Donaire, en la producción de trigo en la Argentina la reposición se centra en nitrógeno, fósforo y azufre.

“Para producir una tonelada de trigo se necesitan aproximadamente 30 kilos de nitrógeno. La cantidad final de fertilizante a aplicar dependerá del tipo de fertilizante y de su concentración de nitrógeno”, indicó el especialista.

En función del rendimiento esperado, los requerimientos nutricionales varían significativamente. Para una producción de 3.000 kilogramos por hectárea se requieren alrededor de 90 kilogramos de nitrógeno. En tanto, para alcanzar 5.000 y 7.000 kilogramos por hectárea, la absorción del nutriente asciende a 150 y 210 kilogramos por hectárea, respectivamente.

Además del nitrógeno, el cultivo demanda fósforo, potasio y otros nutrientes secundarios y micronutrientes necesarios para sostener su crecimiento y desarrollo.

La genética es otro componente clave dentro de la estrategia productiva. Para acompañar la toma de decisiones, el INASE y el INTA desarrollan la Red de Evaluación Territorial de Trigo, cuyos ensayos reúnen información de distintas campañas y abarcan todas las subregiones trigueras del país.

Los resultados permiten comparar el comportamiento de las variedades en diferentes ambientes y aportan información útil para seleccionar los materiales más adaptados a cada zona productiva.

La disponibilidad hídrica es uno de los principales condicionantes de la producción agrícola. En este contexto, los programas de mejoramiento trabajan en el desarrollo de genotipos con mayor tolerancia a los estreses hídricos y mejor eficiencia en el uso del agua.

“La eficiencia en el uso del agua mide cuántos kilos de grano se producen por cada milímetro de agua consumida. En buenas condiciones, el trigo produce entre 10 y 20 kilos de grano por cada milímetro de agua”, explicó Donaire.

Según el especialista, alcanzar el máximo potencial productivo requiere gestionar de manera integrada la nutrición, el suelo y la genética, siempre en función de las características de cada ambiente.


Fuente: Campo en Acción

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